Mención de Honor del III Certamen Fotográfico

Residencia Universitaria Agustiniana

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“Interioridades”

Imagen número 1: Fotografía de Microscopía óptica usando la técnica de Golgi. En ella, se pueden apreciar multitud de neuronas estrelladas

Imagen número 2: Fotografía de Microscopía óptica usando la técnica de impregnación de nitrato de plata reducido de Cajal en bloque. En ella, se puede apreciar un núcleo de la corteza cerebral (agrupación de numerosos cuerpos neuronales).

Estas dos fotos que integran la obra, las escogí por su relación con el neoplatonismo que influyó en San Agustín y hacer una crítica al pensamiento actual y nuestra vida tan ajetreada en la que no hay lugar para el autoconocimiento.

Estas fotografías, para mí, son bellas, es decir, entendida no sólo como placentero a los sentidos, sino como la belleza de aquellos neoplatónicos que influenciaron a San Agustín.

El sistema nervioso es el que determina en gran medida quienes somos. Nos dota de una capacidad sensitiva al mundo exterior y al mundo interior, nos dota de respuestas motoras desde las más simples como los reflejos involuntarios hasta complejas cadenas cinéticas de movimiento pasando por el control de múltiples funciones fisiológicas vitales de manera automática.

Poseemos miles de millones de neuronas y otras células nerviosas trabajando conjuntamente, enviando señales químicas y eléctricas que tardan milisegundo en llegar hasta la parte más distal de nuestras extremidades. La evolución de este sistema ha permitido que desarrollemos nuestra seña de identidad como seres humanos, la cultura. Permite al bailarín desarrollar los movimientos delicados al tempo de la música, al deportista la precisión y la rapidez en sus acciones, y al poeta transportarnos a otros paisajes, hacernos llorar o incluso amar.

San Agustín escribió: “Conócete, acéptate, supérate”. Conócete; en esta vida tan ajetreada que llevamos, en la cual parece que vamos sin rumbo errantes por la vida, pocos son los afortunados que conocen su guía, hacia dónde tienen que girar el timón de su barco y arriar las velas para que el viento les sea favorable. No existe espacio para el silencio, ni para el recogimiento donde conocer nuestro mundo interior. Acéptate; con todos los defectos. Esta sociedad vive en un constante estrés por ocultar desde nuestras “imperfecciones” asociadas a la edad hasta nuestros pensamientos individuales y acciones si van en contra de lo establecido, es decir, lo que hace la mayoría, como si de un defecto se tratase. Supérate; porque todo lo que tiene que ver con nosotros, nuestras actitudes y pensamientos, son susceptibles de cambio y no hay que caer en un vago conformismo.

Todas estas neuronas pasan el día ocupadas por estos pensamientos vacíos o incluso, en ciertos individuos, llegan a atrofiarse por infrautilización.

Había escrito que el sistema nervioso determina quienes somos, pero no es así completamente. Existe la plasticidad neuronal. Y eso es lo más bello de nuestra vida, el hecho de no estar limitado completamente desde nuestro nacimiento y que nuestras acciones nos van configurando poco a poco y siempre hay posibilidad de cambiar.

De esta manera, cuando observo estas fotografías, llego a pensar aquello que San Agustín citó en Confesiones: “una realidad divina, cimera, inmutable, inaccesible a los sentidos corporales y solo perceptible a la inteligencia, una realidad que trasciende la naturaleza humana, Dios, que se ofrece para ser gozado por el alma ya purificada de toda mancha de apetencias humanas”.

Autor: Pablo Cañete, Estudiante 1º Medicina.

Un Comentario

  • Chema

    3 meses ago

    Muy bueno Pablo. Bien argumentado

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